
Todas las culturas antiguas utilizaron diversos tipos de anticonceptivos para controlar la fertilidad de las mujeres. Aristóteles ya cayó en la cuenta de que los pueblos que no controlaban su población, es decir, la natalidad, estaban condenados a la pobreza. El exceso de población llevaba a la ruina de un país.
La mención más remota que se conoce del empleo de los anticonceptivos se lee en un papiro egipcio, fechado entre los años 1900-1100 a.C. Como contraconceptivos se mencionan en él la cola de acacia, la miel o las deyecciones de los cocodrilos. También se usaban en Egipto los tapones vaginales con sustancias ácidas, cuya finalidad era matar el esperma o impedir que penetrase en el útero.
Entre los griegos fue el filósofo Aristóteles, quien prestó especial atención al uso de los anticonceptivos en su obra Historia de los animales. Según este autor, el método anticonceptivo se empleaba para impedir que el esperma penetrase en el cuello del útero. Se conocen varios procedimientos que endurecían las paredes del útero, mediante el aceite de cedro, el ungüento de Saturno, o una pomada a partir de aceite de oliva o de incienso. El médico griego Hipócrates, nacido en 460 a.C., ya sabía que el momento más fértil de la mujer es después de la menstruación.
En Roma, la Ley Cornelia promulgada por el dictador Sita en el 81 a.C. prohibía las prácticas abortivas. El emperador Augusto, preocupado por las bajas tasas de natalidad existentes en la época, promulgó medidas para obligar a los jóvenes romanos a contraer matrimonio, y prohibió el uso de los anticonceptivos y el aborto. El naturalista latino Plinio el Viejo, que poseía vastos conocimientos en numerosos campos científicos, puestos todos ellos de manifiesto en su Historia Natural, menciona también los anticonceptivos. El médico Sorano de Éfeso, contemporáneo de Adriano, recomendaba en su Ginecología I, el uso de una mezcla compuesta por aceite rancio de oliva, miel y bálsamo o resina de cedro, que debía introducirse en el útero. También propugnaba el uso de un método que se reveló bastante eficaz: introducir una bola de lana en la vagina que era empujada hasta la entrada del cuello del útero, previamente empapada de vino u otras sustancias de textura gomosa. Otro método consistía en crear una costra sobre el pene, mediante una pomada que poseía la cualidad de matar el esperma, al cerrarle el acceso al cuello del útero.
En época romana se utilizaban igualmente amuletos como anticonceptivos. Sorano rechaza de plano este procedimiento por su ineficacia cuando dice:
"Algunos se sirven de amuletos, imaginando que desempeñan un gran papel en materia de antipatía; citemos entre ellos la matriz de mula o el cerumen de este mismo animal, y otras cosas todavía, que se revelan decepcionantes en cuanto a sus efectos".
El uso de amuletos debía de estar muy extendido, principalmente entre las clases bajas. Plinio menciona también algunos tipos de amuletos que las damas usaban para no quedarse embarazadas. Algunos de ellos eran tan curiosos como los que se fabricaban con una determinada especie de araña que, envuelta en un pedazo de piel de ciervo, se colgaba al cuello de la mujer antes de salir el sol.
El "Coitus Interruptus"
Ningún tratado científico salido de la pluma de autor griego o romano, menciona el coitus interruptus, que sin embargo sí es citado en el Génesis:
Entonces Judá dijo a Onán: "Cásate con la mujer de tu hermano y cumple como cuñado con ella, procurando descendencia a tu hermano." Onán, que sabía que aquella descendencia no sería suya, si bien tuvo relaciones con su cuñada, derramaba su semen en tierra, evitando el dar descendencia a su hermano. Pareció mal a Yahveh lo que hacía, y le hizo morir también a él.
Onán, como afirma claramente el texto sagrado, quebrantó la ley del levirato, prescripción común a los árabes, según la cual un hermano tenía que casarse con su cuñada para dar descendencia a su hermano difunto, cuando éste había muerto sin tener hijos. Se trata de un texto que ha sido interpretado erróneamente como un acto de masturbación; lo que ha servido a la Iglesia para condenar la masturbación hasta hoy en día, sin tener en cuenta ni las Sagradas Escrituras ni el Antiguo o el Nuevo Testamento. Tampoco la Iglesia Primitiva durante los primeros cuatro siglos de su existencia, hasta Agustín, condenó estas prácticas. Según el poeta Lucrecio las rameras romanas practicaban el coitus interruptus, y los maniqueos, según Agustín, aceptaban como bueno el placer sexual, pero no la procreación.
Fragmento de Los anticonceptivos en la Antigüedad Clásica - José María Blázquez Martínez. Actas del Segundo seminario de Estudios sobre la Mujer en la Antigüedad (Valencia 2000, 135-146).
































