
Bueno, con retraso, pero justificado porque desde que acabé los exámenes este sábado no he parado en mi casa, escribo este post en el blog. Concretamente quería escribirlo el mismo sábado, el 14 de Febrero, Día de San Valentín, pero no pudo ser.
Para diferenciarme de los sitios donde os hablen del día de San Valentín en sí, voy a hablaros de la llamada “Matanza de San Valentín”. No es por quitarle romanticismo a la fecha, que para mí es como cualquier otra si tu pareja es romántica, simplemente, a mí me va más el morbo de los asesinatos...
Durante la época de la Ley Seca (1920-33), era ilegal elaborar, vender, o transportar alcohol, de manera que los gángsters de Chicago se enriquecieron con la destilación y venta ilegal. La competencia por el control del contrabando culminó en la conocida masacre de San Valentín.
A partir de los primeros colonos europeos en América, hubo intentos de limitar el consumo de alcohol. A fines de 1800 el movimiento para eliminar totalmente las bebidas alcohólicas había cobrado un gran impulso. Los reformadores sociales detrás de los movimientos de templanza creían que el alcohol causaba muchos problemas en la sociedad, incluida la decadencia moral, la pereza y la corrupción, que a su vez podría conducir a la delincuencia. En 1918, como resultado de los persistentes esfuerzos reformistas de los moralistas ortodoxos, el Congreso aprobó la ya mencionada Prohibición, que comenzó oficialmente el 17 de enero de 1920. Como era natural, la ley fue un fracaso, beber se convirtió en un acto de rebeldía popular y la Prohibición dio lugar a actividades delictivas en todo el país. En Chicago el mercado ilegal de licor dio lugar a la actividad delictiva organizada y las bandas tomaron el control de la ciudad en aras de la lucrativa industria del contrabando.
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La Matanza del Día de San Valentín tuvo lugar en Chicago, en 1929 y se convirtió en el símbolo de la cruenta rivalidad entre las bandas de delincuencia organizada en Estados Unidos. Para este año la competencia se había reducido a tan sólo dos bandas: el grupo del Lado Sur, dirigido por Al Capone, y el del Lado Norte, encabezada por George "Bugs" Moran.
El 14 de febrero de 1929 siete hombres de Moran se encontraban sentados en un garaje esperando un cargamento de whisky, cuando se detuvo en la puerta un coche del que se apearon tres policías y dos civiles. Entraron, los desarmaron y les ordenaron ponerse de espaldas con las manos en la pared. Los contrabandistas de alcohol que eran objetivo del atentado tenían sobornada a la policía, así que no se preocuparon cuando los agentes les mandaron dejar sus armas en el suelo. Pensaron que se trataba de un registro sin mayores consecuencias.

Los hombres encubiertos dispararon a las siete indefensas víctimas, seis de ellos miembros destacados de la banda, con tres ametralladoras, una escopeta y un revólver. Fue el incidente más sangriento de la violencia de las pandillas de Chicago había visto. Los miembros de Al Capone disfrazados de policías esposaron a los que iban de civiles y salieron en el mismo coche. Cualquier transeúnte solo había presenciado un habitual arresto por parte de los agentes.
Bugs Moran fue el único miembro de la banda que no estaba presente durante la masacre. Como resultado del asalto, su banda se debilitó y rápidamente perdió poder en Chicago. Nadie fue nunca procesado por los crímenes, y los asesinatos permanecen sin resolverse oficialmente. Aunque Al Capone no fue juzgado por esta masacre, este hecho si que atrajo la atención del gobierno federal que le persiguió hasta condenarle a 11 años de cárcel por evasión de impuestos en 1931.